- Autor
- Daniel Cáceres |
- Fecha
- 21 de octubre del 2011
Los detractores de Blizzard suelen alegar que la desarrolladora californiana no lanza evoluciones de sus franquicias sino que va sacando reiteraciones de ideas. A primera vista parece que dicho dogma podría aplicarse con la beta de Diablo 3 (PC). Enemigos a decenas, muchos clics y el ciclo eterno de conseguir mejor equipopara sobrevivir a amenazas cada vez más peligrosas: todo sigue igual… hasta que descubro que el sistema de habilidades marca de la casa ha quedado irreconocible, tal y como se apuntó brevemente en el avance anterior. Básicamente, se han automatizado las subidas de niveles y los accesos a poderes y la única limitación viene dada por el número de ranurasdisponibles para utilizar las habilidades. ¿Giro de tuerca prometedor o viraje brusco hacia la tierra prometida de las consolas?

La beta ofrece acceso a la mitad del primer acto y a sus cinco personajes: el mago, el monje, el bárbaro, el cazador de demonios y el médico brujo. La partida acaba automáticamente cuando superas la misión principal o llegas al nivel 9, tiempo más que suficiente para probar las habilidades y estilos de combate de cada clase, pero quizás limitado en lo que respecta a hacerse una idea inicial de otros detalles como la personalización de las habilidades o la contratación de esbirros.
El mini-viaje empieza en Nueva Tristán, una ciudad construida sobre las ruinas de lo que fue la base central del primer Diablo. Un meteorito ominoso ha caído en la antigua catedral, iniciando una plaga de no-muertos comandados por el Rey Esqueleto, un enemigo de entregas anteriores. Tu misión consiste en rescatar a Deckard Caín, el anciano narrador de la serie, encontrar la corona del rey del inframundo -sorteando una serie de criptas- para poder así adentrarte en la catedral, invocar al jefazo de los difuntos andantes y eliminarlo de una vez por todas.
En otras palabras: el Rey Esqueleto morirá unas “cuantas” veces durante el transcurso de la beta. Pero lo importante no es el número de ocasiones en las que lo liquides, sino que todos los enfrentamientos habrán significado el clímax de expediciones totalmente diferentes entre sí gracias al milimétrico refinamiento de Blizzard con sus personajes y correspondientes habilidades.
Por ejemplo, si eliges al mago te convertirás en una fuente prácticamente inagotable de poderío arcano; mientras que en Diablo 1 y 2 gestionabas cada punto de maná como si te fuese la vida, en Diablo 3 te va a costar hacer clic más rápido que lo que se regenera tu energía. Y si antes sudabas de estrés ante el temor de escoger un hechizo que no pudieses controlar bien o que se no se correspondiente a tu filosofía, ahora bastará con descartar un hechizo y poner otro en tu ranura de habilidades activas, ya que tu personaje aprenderá todo su repertorio disponible, dejando atrás las ramificaciones de poderes.
El monje es más de lo que aparenta: se trata de un luchador de artes marciales cuyos ataques físicos son potenciados por las exageradísimas fuerzas mágicas que acompañan sus movimientos. Su repertorio de ataques cuerpo a cuerpo requiere que te acerques peligrosamente a los enemigos, así que en teoría deberías pensar en todo momento dónde situarte para desatar tu furia directa y cuándo utilizar la habilidad de transportación. Y digo en teoría porque el modo de dificultad normal es tan paradójicamente fácil en la beta, que, si se mantiene en la versión final, más le vale a Blizzard crear un modo entre éste y el Pesadilla. Delirio Febril no sería un mal nombre.
Pese a que el bárbaro parece un personaje aburrido, sus partidas acaban siendo hilarantes porque una de sus habilidades principales no sólo multiplica la bonificación de tus armas sino que además envía a tus enemigos por los aires. O también puedes cercenar miembros hasta que escuches “crunch” pises por donde pises. Es como si Obélix hubiese decidido pasarse por Nueva Tristán.
El cazador de demonios es la clase perfecta para los expertos en Diablo, ya que cuenta con un sistema de recursos dobles: uno para ataques especiales que se regenera rápido -Odio- y otro para defensivos que tarda en recargarse -Disciplina-. Lo más interesante es que sus habilidades juegan con esta dicotomía. Por ejemplo, Disparo Evasivo daña a los enemigos lejanos (gastando odio), pero si el monstruo está demasiado cerca de tu personaje, el cazador esquivará al rufián en lugar de atacar, agotando parte de su disciplina. Su esencia lo convierte en un personaje muy vulnerable en manos de aquellos que asocian Diablo con machacar ratones, pero cuando lo controla alguien con conocimiento se convierte en una clase imparable.
Acabemos con un espectáculo circense: una horda de ranas explosivas antecederá a los perros zombis, que distraerán a los enemigos mientras invocas a fetiches que convierten enemigos en pollos. El recién lanzado Los Sims 3: ¡Vaya Fauna! es una tontería comparado con la de “mascotas” que tiene el médico brujo, un personaje peculiar que combina necrozoología con invocación de muertos y el arte del veneno.
Debo admitir que al principio desconfiaba del nuevo sistema de habilidades porque temía que anulase toda posibilidad de toma de decisión, pero en realidad añade más libertad y elimina por fin el temor a esquivarnos con la progresión de nuestros personajes, una lacra que hace años que acompaña al juego de rol de acción. Con la beta de Diablo 3 he podido diseñar estrategias individuales que han propiciado múltiples y originales formas de matar al personal. Más le vale a Blizzard lanzar pronto el título, porque dudo que el Rey Esqueleto aguante uno más de mis experimentos.

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