La fiebre de las actualizaciones

Os confieso una cosa: detesto los constantes avisos de actualización de Adobe Reader, Steam, iTunes y compañía. Esos que aparecen en la barra de tareas, sí. Pospongo esos updates siempre que puedo y solo actualizo los programas cuando tengo tiempo y cuando sé que me conviene hacerlo.

¿Y queréis saber por qué me molestan los avisos de nuevas actualizaciones? Porque en muchos casos se han vuelto un consejo vacío, como el que da un médico cuando no sabe qué decir. Hay que actualizar porque sí, porque es bueno para la salud del ordenador y bla, bla, bla. Pero ¿realmente es bueno actualizar tanto?

La Fiebre de las Nuevas Versiones

En el pasado, las actualizaciones eran un evento importante: permitían seguir trabajando en entornos que se habían vuelto incompatibles o añadían funciones deseadas. Actualizábamos los programas cada año o dos. O nunca. Había que solicitar un fajo de disquetes o CD por correo… y esperar.

Con Internet, las actualizaciones se han vuelto cada vez más habituales, hasta el punto de que un programa sin actualizaciones frecuentes se considera mediocre (aunque cumpla su cometido a la perfección).

Las ventajas de recibir parches a través de Internet son evidentes:

  • Se añaden nuevas funciones
  • Se tapan los agujeros de seguridad
  • El rendimiento mejora (a veces)
  • ¡Las actualizaciones son gratis!

Tras años de adaptación, hoy en día vivimos una auténtica fiebre de las actualizaciones. Ya no sabemos muy bien por qué actualizamos los programas. Los números de versión suben vertiginosamente y en los móviles de última generación no pasa día sin que aparezcan avisos de nuevas versiones de las apps instaladas.

Si es bueno, ¿por qué actualizamos tan poco?

Actualizar los programas es, en la mayoría de casos, un proceso poco gratificante. La mayoría de las actualizaciones aportan pequeños cambios, a menudo insignificantes, que apenas modifican la funcionalidad de la aplicación. Pero su descarga consume tiempo y ancho de banda. Y si se trata de un programa de gran tamaño, la molestia es aún mayor.

Qué mensaje más útil. Gracias, actualizador de Skype

Además, en ocasiones, los updates crean más problemas de los que resuelven. Es un fenómeno que se conoce como regresión del software, algo que aumenta notablemente la insatisfacción hacia un programa. Un ejemplo reciente es la versión 11r300 de Flash Player, que se colgaba al reproducir vídeos en Firefox.

Una vista habitual para quienes actualizaron Flash a la versión 11.3

Las meteduras de pata de los desarrolladores no son el único motivo de insatisfacción hacia los updates. Los usuarios mencionan la falta de información y la pérdida de tiempo como dos razones de peso para no actualizar sus programas. Tener que reiniciar un navegador o el sistema operativo por cambios frecuentes y desconocidos resulta intolerable.

Los autores de Spotify suelen darle al historial de cambios un toque de humor

Finalmente, hay un problema de malas prácticas: ciertos autores de software practican el update-spamming, esto es, actualizar los propios programas para que aparezcan siempre los primeros en los listados de “recién actualizados”. Esto daña la confianza de los usuarios hacia el programa en particular y las actualizaciones en general.

RamSmash se actualiza casi cada semana: ¿a quién beneficia realmente este patrón?

“Hijo, si funciona, no lo toques”

Poneos en la piel de un desarrollador: el programa es vuestra obra. Hay que actualizarlo para que sea cada vez más competitivo y seguro. Y si los usuarios no se dan cuenta de eso, es que están locos. Por qué seguir con algo obsoleto, parecen preguntarse los desarrolladores cuando ven que la gente rechaza actualizar sus programas.

Nero ya era perfecto hace diez años. ¿Hacía falta actualizarlo rodeándolo de utilidades extra?

Lo que algunos autores de software no parecen entender es que cuando la gente se acostumbra a una funcionalidad, difícilmente acepta un cambio radical, y menos aún un cambio para peor -lógico-. Un buen ejemplo de ello es el teletipo de Facebook: cambiar una herramienta de uso habitual sin ni siquiera avisar conduce al desastre.

El odiado teletipo de Facebook, un claro ejemplo de cómo no introducir novedades en algo ya exitoso

Tal vez el problema radique en la falta de información. Los resultados de una reciente encuesta de Skype hablan claro: el 25% de los usuarios no sabe para qué sirven las actualizaciones y el 40% no actualiza cuando aparece un aviso. Un cuarto de los usuarios que sí actualizan necesita al menos dos avisos para ponerse manos a la obra.

¡Hay nuevas actualizaciones disponibles!

Este mensaje no aporta nada de información. ¿Es útil o tan solo resulta cansino?

Los autores nos lo ponen en general muy difícil a la hora de descubrir qué es lo que ha cambiado en sus aplicaciones. Esta falta de transparencia tiene una explicación sencilla: la mayoría de cambios solo interesan a los propios programadores, quienes desean evitar problemas mayores a largo plazo.

Seis consejos para los autores de software

Después de haber probado centenares de aplicaciones y haber sufrido en mis carnes los procesos de actualización más variopintos -desde sobrescribir archivos hasta cambiar líneas de código a mano- me siento en la obligación de enviar a los autores de aplicaciones unas cuantas recomendaciones. Llamemos estas reglas “Actu-etiqueta“:

  • Sed claros y honestos: si vais a lanzar una actualización, decid por qué vale la pena aplicarla
  • No molestéis al usuario: ofreced la posibilidad de efectuar actualizaciones silenciosas y sin reinicios
  • Ahorrad las balas: procurad agrupar las actualizaciones todo lo posible para no agobiar al usuario
  • Abrid los oídos: escuchad a la comunidad antes de cambiar las aplicaciones por completo
  • Buscad la eficiencia: no obliguéis a bajar 200mb cada vez. Los parches incrementales existen para algo
  • Portaos bien: no juguéis sucio con las versiones y no hagáis spam de actualizaciones

Leídos de otra forma, estos consejos también valen para los usuarios: hay que informarse antes de actualizar un programa para saber qué cambia y hay que configurar las actualizaciones para que no molesten.

Y tú, ¿cada cuánto actualizas tus aplicaciones?

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