Formas reales de mejorar el rendimiento de tu PC

Con anterioridad hemos desmentido algunas de las supuestas formas más famosas de volver tu equipo raudo y veloz. Tras leerlo, más de uno, abatido, habrá caído de rodillas al suelo y habrá empezado a golpearlo clamando al cielo: “¿Entonces qué podemos hacer?”A continuación vamos a ver formas reales de mejorar el rendimiento de un equipo, sin entrar en detalles teóricos o en “he leído que decían que haciendo esto va mejor”. En su lugar, hablaremos de hechos fehacientes y comprobados, aunque duelan.

Sacar la VISA a pasear

Estoy seguro de que no querías leer esto, pero es la cruda realidad. La forma más eficaz, rápida ycara de obtener un rendimiento notablemente superior es actualizar el ordenador. Aunque tampoco hace falta echarse las manos a la cabeza: lo más probable es que no necesites hacer una gran inversión.

Por ejemplo, si tienes un equipo de 512 MB de RAM o menos, deberías pensar seriamente en mejorar esa cifra hasta 1 ó 2 GB. En caso contrario, tu equipo depende demasiado de la memoria virtual, mucho más lenta pues se lee y escribe en el disco duro.

Raro será que el microprocesador se quede corto ya que el sistema recomendado para Windows XP es un procesador a 300 Mhz, cifra irrisoria en los tiempos que corren. Otro tema sería que intentes utilizar programas o juegos por encima de las capacidades de tu equipo. Daremos por supuesto que ese no es el caso y que lo que quieres es simplemente que el equipo vaya mejor en el día a día.

Conjuntamente a la memoria RAM, el otro apartado importante de tu equipo es el disco duro. De él se leen los datos y, por tanto, influye directamente en el tiempo que tarda en arrancar Windows y los programas. Así pues, a la hora de comprar un disco duro no hay que fijarse únicamente en su capacidad, sino también en la velocidad del mismo.

En los discos duros para equipos de sobremesa no suele haber demasiada diferencia puesto que la enorme mayoría trabajan a 7.200 RPM. Será en los discos de 1.8 y 2.5 pulgadas (los utilizados en ordenadores portátiles) donde dispongas de más velocidades, de 4.200 a 7.200.

Existe un modo, sin embargo, de tener una unidad de disco visiblemente más rápida: crear un RAID. Siendo demasiado complejo como para hablar del tema ahora mismo, me limitaré a decir que un RAID se basa en el uso de varios discos para conseguir una única unidad de mayor capacidad, fiabilidad y/o velocidad.

Configurar el archivo de intercambio

Pero bueno, tampoco es plan gastarse el dinero sin que sea estrictamente necesario. A veces con algo de configuración puedes obtener una visible mejoría. El archivo de intercambio, también llamado memoria virtual o archivo de paginación, es un método por el cual se almacena una porción de la memoria en el disco duro.

Esto implica que en alguna ocasión se produzca una lectura y escritura intensiva en el disco, lo cual creará serias ralentizaciones. Esto sucede porque los discos duros poseen únicamente un cabezal lector. Si inicias una aplicación muy pesada -digamos por ejemplo Adobe Photoshop- y tienes suficiente memoria RAM disponible, se leerá del disco y se copiará a la memoria.

Hasta ahí todo normal: no hay forma de evitar esos pasos, pero ¿qué sucedería si no tienes suficiente memoria? En tal caso, Windows “paginaría” parte de esa memoria ocupada, por lo cual durante un rato tu disco duro estaría leyendo los datos de Photoshop por una parte, escribiendo y leyendo la memoria virtual por la otra. Total, que un ensordecedor ruido, comúnmente conocido como “el disco duro está rascando”, hará que todo vaya bastante lento.

La solución más fácil de este problema consiste en colocar el archivo de paginación en una unidad física distinta a la que se encuentra la mayoría de aplicaciones y/o Windows.

En cuanto al tamaño del mismo, existe por Internet la regla de establecerlo a 2.5 veces la memoria RAM del equipo. Se trata de una regla a todas luces desfasada y desproporcionada, pues un equipo con 2 GB de RAM necesitaría 5 GB de paginación. La verdad es que no existe una cifra mágica y cambiar el tamaño de la paginación no hará que el equipo vuele. Si dispones de 2 GB o más de RAM y no utilizas aplicaciones o juegos devoradores de memoria, puedes probar incluso a desactivarla por completo. Para otros casos, con 1 GB de archivo de paginación será suficiente.

Desfragmentar el disco

Ya hemos visto la importancia del disco duro, así que es lógico que debamos tratar de hacer lo posible para que funcione eficientemente. Para ello debemos desfragmentarlo. Este proceso junta los “trozos” de archivo que se encuentran desperdigados por el disco para que la lectura sea lineal, más rápida.

Es un proceso que puede llevar bastante tiempo, según el grado de fragmentación, y que se puede llevar a cabo o bien con el Desfragmentador de Windows, algo deficiente, o bien con alguna aplicación adicional. Existen multitud de desfragmentadores, algunos de renombre y de pago, que normalmente están mejor presentados y ofrecen más funciones, y otros gratuitos.

Antes de llevar a cabo una desfragmentación es una buena idea que elimines archivos inútiles del equipo. Borrar archivos no hará que tu sistema vaya más rápido, pero sí que tarde menos en desfragmentar. Para esto dispones también de muchas alternativas, siendo la más conocida CCleaner.

Actualizar los controladores

Actualizar los controladores no te garantiza únicamente que seas menos propenso a padecer errores presentes en versiones posteriores, sino que también pueden incluir mejoras de rendimiento.

Aunque no sea lo común que de una versión a otra se note gran diferencia, lo cierto es que por este u otro motivo, debes mantener los controladores actualizados.

Eliminar programas del inicio

Muchas de las aplicaciones y controladores que instalas te van dejando un “regalito” en el arranque del sistema. Es el caso de QuickTime y Java, con sus buscadores de actualizaciones, Creative Labs y Hewlett Packard, y sus asistentes de registro de productos, y tantos otros.

Al final, Windows necesita cargar tantas cosas que tarda tres horas y media en arrancar. Es mejor por tanto eliminar aquellas entradas del autoarranque que no necesitamos.

Ya hemos hablado de este tema en dos ocasiones, así que evitaremos repetirnos enlazando a dichos artículos:

Programas residentes

Aunque está muy relacionado con el caso anterior, no me estoy refiriendo exactamente a lo mismo, sino a los programas que están constantemente “monitorizándote”.

Por ejemplo, un antivirus. Si tienes la protección en tiempo real activada, cada vez que ejecutes, descargues o simplemente selecciones un archivo, el archivo será analizado. Si encima tienes dos programas de protección, será analizado doblemente.

Igual sucede con módulos de protección de la navegación por Internet, que necesitan comprobar la identidad de la página cada vez que visitas un sitio web.

Está claro que en estos casos ofrecen un servicio muy útil y del que uno no puede prescindir sin más para ganar rendimiento, pero sí que te puedes plantear si realmente es necesario.

Es decir, ¿necesitas protección en tiempo real, o te basta con analizar selectivamente los archivos que consideres sospechosos? ¿Necesitas que todas tus aplicaciones busquen si disponen de una nueva versión, o puedes realizar tú esa comprobación manualmente? ¿Necesitas una protección anti-fraude, o siempre navegas por los mismos sitios? ¿Necesitas un gestor de contraseñas con cifrado aprobado por el FBI, o en realidad te sirve con apuntarlas en un papel? ¿Necesitas que el gestor de descargas esté monitorizando constantemente en busca de enlaces, o puedes iniciarlo cuando lo necesites?

Es tu elección.

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