Análisis: ¿es Dragon’s Crown la revolución del beat’em up?

Dragon’s Crown es un juego de “lucha callejera” o beat’em up ambientado en un universo medieval. También mezcla componentes de rol y un modo cooperativo para cuatro jugadores bastante potente. Todo atado bajo un apartado gráfico y un diseño artístico que es a todas luces excelente. Sus creadores siempre han dejado bastante clara su intención de revolucionar este género, mezclando varias ideas y ampliando la mecánica jugable, pero, ¿lo habrán conseguido?

Lucha y rol a medias

El primer contacto con Dragon’s Crown es algo difícil por la cantidad de menús, localizaciones y acciones que debes absorber de golpe. Pero es solo la primera impresión y a las pocas partidas ya te habrás acostumbrado al particular ritmo del juego.

Dragon’s Crown tiene una ciudad central desde la que viajarás a las diversas misiones de la historia o aventuras secundarias que sirven para mejorar tu personaje o ganar dinero. La ciudad funciona como nexo del resto del juego, y aquí no solo avanzará la historia (una excusa para darse de tortas con otros monstruos), sino que también es el único lugar para reabastecerse, comprar equipamiento, resucitar aliados o aprender habilidades.

Con esta ciudad como punto central de todo, la progresión por el juego siempre está muy encarrilada. Primero te asignas una misión en la ciudad, luego avanzas por el mundo exterior visitando niveles nuevos (o ya vistos), regresas para recoger tu recompensa y vuelta a empezar. Aún con ligeras variaciones todos los niveles del juego funcionan de manera similar.

La parte rolera del juego no termina de funcionar bien. Más allá de elegir entre seis personajes, con golpes y características diferentes, es un rol descafeinado donde lo que importa es cambiar tus armas y objetos por otros mejores según avanzas. Nuevas habilidades se desbloquean con puntos de experiencia que ganas luchando, pero esta progresión se iguala a la dificultad creciente de la aventura. Es decir, nunca eres ni más fuerte ni más débil de lo que el juego espera de ti. Hay niveles y estadísticas, claro que sí, pero en última instancia lo que importa de verdad es tener el arma más potente, la defensa más fuerte y equiparte con los mejores objetos.

Control reducido y cooperativo de altura

De todos modos como beat’em up Dragon’s Crown funciona bastante bien. Es muy divertido eliminar los monstruos y viajar por el mundo del juego. Las fases de lucha no son particularmente largas, con unos 15 minutos aproximadamente de duración. Eso hace que el ritmo no pare y te enganche fácilmente. Los jefes finales son espectaculares y el momento álgido de cada una de las aventuras.

El control de Dragon’s Crown es realmente escueto: casi todos los golpes y movimientos se realizan con un botón, incluida la acción de correr, y puede resultar fácil equivocarse con las acciones que deseas realizar. Por lo demás es un juego al uso: botón para esquivar, cruceta para el inventario, salto… la diferencia entre Vita y PS3 es que en la primera utilizas la pantalla táctil para interactuar con el escenario, y en PS3 lo haces con el stick derecho.

Dragon’s Crown tiene un estupendo modo cooperativo para cuatro jugadores. Aunque si no tienes conexión online puedes jugar con personajes controlados por el juego que primero necesitas resucitar. La IA de estos compañeros no es particularmente buena pero ayudan bastante con los grandes enemigos finales.

Pero el gran problema del modo cooperativo es lo caótico que se vuelve todo. Si ya jugando en solitario es difícil distinguir a tu personaje de entre la maraña de enemigos, magias y explosiones, cuando juntas tres luchadores más entonces es una pirotecnia visual complicada de descifrar.

Gráficos excepcionales

No hace falta describir la excelencia gráfica de la que Dragon’s Crown hace gala. Tanto si lo juegas en Vita como si lo haces en PS3 disfrutarás de unos gráficos de lujo al estilo Vanillaware (creadores de maravillas como Muramasa). La mezcla de dibujo sobre papel con unas animaciones buenísimas y originales hacen que sea un gozo visual para nuestros sentidos. Pero si los personajes, monstruos y objetos están detallados al milímetro, lo de los escenarios ya es otro nivel de calidad. ¡Si es que cada fotograma es una fotografía para enmarcar!, así es el nivel de Dragon’s Crown.

El audio se fusiona perfectamente con esta gran calidad gráfica. Las músicas de tono medieval (como no podía ser de otra forma), acompañan y entretienen. Se dejan escuchar en los momentos de calma cuando paseas por la ciudad, y te animan a batallar en los encuentros con jefes finales. Las voces, a elegir entre inglés o japonés, son numerosísimas y un narrador acompaña la aventura en todo momento, contando lo que pasa o lo que pasará.

Muy bueno pero sin revolución

No cabe duda que Dragon’s Crown es un gran juego de lucha al estilo “yo contra el barrio”, con un gran cooperativo y un apartado gráfico de lujo. Esos toques roleros se han suavizado para hacerlo más accesible al público medio, lo que a la larga le perjudica ligeramente. Sin embargo a pesar de tener una jugabilidad muy adictiva no se puede ocultar que sufre de cierta repetitividad, demasiada. Una vez superas la sorpresa inicial caerás en una rutina de la lucha y unas misiones secundarias que son clones de otras pasadas. Vanillaware ha conseguido un gran beat’em up, pero no es la revolución que nos vendieron.

Puntuación: 7

Disponible en: PS3 y PS Vita

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