Análisis Xbox One: Dead Rising 3

Se nota que Dead Rising 3 se concibió como un proyecto de Xbox 360 pero que, llegado un momento, se movió a Xbox One. Quizá por decisión de Capcom o quizá a golpe de talonario de Microsoft. Da igual, sea como sea, esta tercera entrega arrastra alguna que otra tara heredada y bastantes vicios adquiridos de la saga. Sin embargo, a pesar de que objetivamente Dead Rising 3 no es el mejor de la franquicia, su fórmula se mantiene lo bastante bien como para seguir divirtiendo al personal. Y eso también hay que elogiarlo.

Con pocas novedades pero que merecen la pena

La capa exterior de Dead Rising 3 es prácticamente igual que siempre: invasión zombi inesperada, un héroe, una zona en cuarentena, muchos personajes atrapados, algún que otro psicópata que se aprovecha de la situación, y un objetivo final que es escapar. Esta tercera entrega cambia poco el planteamiento tradicional de la trilogía y si has jugado antes a algún Dead Rising pocas sorpresas te llevarás.

No importa.

Las pocas novedades que se han incorporado al juego merecen la pena. El juego ahora es un mundo abierto sin cargas entre pantallas. Tienes una gran ciudad (y muchos edificios interiores) listos para ser vistos y jugados sin pausa. Parecerá una tontería pero este detalle agiliza el juego una barbaridad.

Esa jugabilidad que no para ni un segundo, unida a los nuevos vehículos que están por doquier, el mapa que lo muestra absolutamente todo y una inmediatez para acceder al inventario o crear objetos combinados, otorga al juego ese dinamismo que tanta falta le ha hecho siempre.

En su modo Normal, Dead Rising 3 es más complaciente y flexible con el jugador. Los márgenes de tiempo para cumplir las misiones son muchísimo más amplios de lo habitual, lo que te permite jugar a un ritmo tranquilo mientras experimentas y exploras. Es más difícil que te maten, las habilidades las subes con relativa facilidad y hay armas para parar un tren. En este sentido, es el Dead Rising más “sandbox” de todos, y el que ofrece más libertad al que juega.

Luego tienes el modo Pesadilla, que viene a ser el juego normal de los anteriores Dead Rising. Las misiones se deben cumplir en estrictos plazos de tiempo y, si fallas, puede ocurrir que no puedas continuar. La partida se graba en zonas seguras y los zombis son más agresivos.

De este modo, el juego no se compromete con un tipo de jugador concreto y te deja a ti la elección de cómo quieres jugar. Además, la experiencia y habilidades del personaje se convalidan en ambos modos, es decir no tienes que volver a empezar de cero en caso de que quieras probar el otro modo.

Algo más ágil en el control y con Kinect

El mapa te muestra absolutamente todo, eliminando de un plumazo la exploración. Pero, al eliminar esa tarea te puedes centrar en otras cosas más divertidas. En Dead Rising 3 es más divertido el camino que recorres que el objetivo final, o sea que aunque ya sepas de antemano hacia dónde vas y qué conseguirás, te dará igual, porque lo divertido es llegar hasta allí haciendo el cabra y matando de paso a miles de zombis.

La parte de control no ha sufrido cambios considerables respecto a la anterior entrega. Solo apuntar que el personaje principal se mueve mejor y, sobre todo, responde más ágilmente a los botones.

Obviamente se ha integrado Kinect en el juego y puedes, por ejemplo, dar órdenes viva voz a tus compañeros (o a ti mismo, lo que queda algo raro). Los comandos de voz funcionan a medias y siempre tardas menos pulsando un botón. La integración con dispositivos Surface está ahí aunque no sea algo necesario o que afecte al juego normal.

Miles de zombis en pantalla

Dead Rising 3 destaca técnicamente por dos motivos: primero, el mapa es bastante grande y no hay tiempos de carga que interrumpan la acción; segundo, la cantidad de zombis en pantalla es abrumadora. En serio, hay miles de zombis moviéndose por las calles del mapa, y son infinitos, cuando pasas por una zona y arrasas con todos al poco tiempo vuelven a estar ahí.

Esta carga gráfica desmesurada se equilibra con algunas concesiones visuales. Por ejemplo la tasa de frames por segundo es inestable, provocando escozor de ojos cuando giras la cámara y va a saltos. Otro punto criticable es la aparición súbita de objetos y sobre todo de texturas. Estás mirando una pared y de repente aparece un cartel. Se supone que ya debería estar ahí, pero al motor gráfico no le ha dado tiempo. No afecta al juego, claro, pero es molesto.

Dead Rising 3 es el que mejor se ve y se mueve de toda la franquicia, claro, pero es obvio que es un juego de la anterior generación vitaminado para que cuaje en Xbox One de manera aceptable.

Y un detalle que nos ha cogido por sorpresa: el juego está doblado al español.

Conclusión

Dead Rising 3 es divertido. Y es divertido porque se deshace de algunos incordios jugables para darle más poder al jugador. También pone en pantalla miles de zombis listos para ser aniquilados, junto con un buen puñado de vehículos y armas cada cual más destructiva. Es el juego más loco y pasado de vueltas de los tres.

Eso sí, la mayor parte del tiempo te encuentras jugando a lo mismo que vienes jugando en anteriores Dead Rising, y que viene a ser: matar zombis, usar armas locas, rescatar inocentes, cumplir misiones secundarias para ganar experiencia, probar mil y un vestidos, acabar con los psicópatas y recoger objetos coleccionables.

Si eso no te importa y aceptas que este Dead Rising 3 es el más fácil de todos, entonces te lo pasarás en grande.

Puntuación: 8

Disponible: solo en Xbox One

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