Bloatware, programas que engordan

Programa gordo, programa flacoSi pudiéramos viajar en el tiempo hasta los ochenta y decirle a un programador que en el siglo XXI las aplicaciones llegarían a ocupar más de dos gigabytes… es probable que gritara de terror.

Los tiempos en los que programas enteros cabían en un disquete de baja densidad, si bien no han pasado del todo, están en pleno declive. El arranque de los sistemas operativos se alarga, las aplicaciones se vuelven inmanejables y el código no se optimiza. Es la Ley de Wirth :

El software se ralentiza más deprisa de lo que se acelera el hardware.

Presas del marketing más agresivo, utilidades sobresalientes se han convertido en bloatware, aplicaciones de tamaño descomunal, repletas de módulos y funciones extra que, en la mayoría de los casos, no se usan. ¿Acaso hay alguien que se pasa el día diseñando cubiertas de CD?

Este cambio de paradigma desde la utilidad hasta la obesidad, en términos puramente informáticos, acaba por perjudicar a medio y largo plazo la reputación de nombres otrora celebrados. Hay programas que, como Netscape Navigator, mueren de éxito y sobrepeso.

Iconos de la suite NeroTomemos el caso de la suite de grabación Nero. Hace ocho años la versión 5.0 ocupaba doce megabytes. Ya la versión 6, quizá la más popular, pasó a quinientos. La actual versión 8 devora 1,2 gigabytes de disco duro en la instalación estándar, con más de una docena de subprogramas. Sólo le falta un módulo para controlar el horno de microondas y otro para la motosierra. Tal vez Nero 9 corrija esta tendencia imparable, pero si las cosas siguen el derrotero actual es probable que dentro de unos años asistamos al nacimiento del primer sistema operativo basado en la grabación de soportes ópticos, Nero X.

Bromas aparte, el tema reviste cierta importancia. El usuario de a pie no quiere complicarse la vida. Ejecuta el instalador y, en lugar de seguir los pasos de una tediosa configuración personalizada, cae víctima del “Siguiente Siguiente”. Cuatro clics y una monstruosa cantidad de código se vierte en su disco duro de manera irreversible. Sí, irreversible: algunos programas llegan a integrarse con el sistema de manera tan profunda que carecen de opciones de desinstalación eficientes. Han surgido, en consecuencia, desinstaladores no oficiales e incluso oficiales, como Nero CleanTool o Norton Removal Tool.

Una solución habitual ha consistido en mantener versiones “ligeras” de los mismos programas para no pagar por accesorios sobrantes. Nero Express, ACDSee Classic, Office Standard o Photoshop Essentials disminuyen los requisitos del sistema sin sacrificar en exceso la funcionalidad original. Estas versiones no suelen recibir el mismo trato por parte de sus autores, quienes prefieren endilgar el paquete completo a un precio superior. Si bien como táctica comercial resulte comprensible, eliminar la versión light perjudica al usuario final, el cual ve mermadas sus opciones de compra.

En cierto modo se cumple la regla del 80:20 aplicada a la informática: el 80% de los usuarios utiliza el 20% de las funciones de un programa. Y aunque algunos expertos no estén de acuerdo con ello, las opiniones de los usuarios son muy distintas, hasta el punto de influenciar a los equipos de programadores. Es el caso de Adobe Reader, que se ha aligerado en gran medida tras contemplar el éxito de lectores PDF como Foxit. Esto demuestra que las casas de software todavía están a tiempo de poner a régimen sus programas.

¿Lo harán? Hagamos oír nuestras voces.

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