Análisis de Driveclub: bienvenido al club

Driveclub es un juego de carreras centrado en competir con y contra tus amigos, un título que gira alrededor de los clubs de pilotos y la competición online.

De la mano de Evolution Studios nos llega Driveclub, un título exclusivo para PS4 que llega con mal pie y cierta polémica debido a los problemas para jugar online, uno de los pilares básicos de este juego. Sus responsables son autores de las entregas de World Rally Championship para PS2 y de la saga MotorStorm para PS3, por lo que ya son viejos conocidos tanto en el ecosistema de la consola de Sony como en el género de juegos de carreras.

Driveclub te propone pilotar automóviles en circuitos repartidos por todo el mundo. A las ya habituales pruebas variadas, como contrarreloj, concurso de derrapes o torneos, se incluye un elemento que dota a Driveclub de cierta originalidad: los clubs de pilotos. Y es que Driveclub trata básicamente de eso, de dejar a un lado las carreras solitarias en las que te enfrentas a la IA del juego y vértelas con jugadores humanos a través de carreras multijugador.

Eso no quita que puedas jugar por libre, en solitario, y sin necesidad de acudir al modo online de Driveclub, pues las carreras individuales ya son de por sí un buena liciente para este título que gustará a los amantes del género arcade y tal vez atraiga también a quienes prefieren cierto nivel de simulación y realismo. Pero vayamos por partes.

En equipo es más divertido

Driveclub se anuncia como un juego de carreras en el que el piloto forma parte de un club. La idea es que haya muchos clubs y que compitan unos con otros con puntos de experiencia, mejores tiempos o mejores posiciones en un número inmenso de carreras disputadas. La idea es disputar carreras entre los miembros o contra otros clubs.

Eso no quita que al principio empieces en solitario, con una primera carrera de contacto para conocer Driveclub y su funcionamiento. A partir de aquí tendrás decenas de pruebas en las que obtener experiencia, desbloquear vehículos y labrarte una fama de buen piloto para llamar la atención de los clubs más codiciados o crear tu propio club, al que muchos querrán entrar. Además, como viene siendo habitual, podrás volver a visitar escenarios y pruebas a través del modo evento único.

La moneda de cambio en Driveclub es la fama, que aumentas con cada carrera y logro, como tomar bien una curva, derrapar con estilo, aprovechar un rebufo o cumplir con los objetivos de la prueba. A medida que aumentes tu fama, desbloquearás tu nivel de usuario (hasta alcanzar el nivel 40).

¿Qué ventaja tiene subir de nivel? Principalmente desbloquear automóviles hasta conseguir un garaje de ensueño con 50 ejemplares de todos los colores organizados en las siguientes categorías: compacto, deportivo, rendimiento, superdeportivo e hiperdeportivo. Empezarás con un Mercedes-Benz A 45 AMG, e irás escalando hasta conseguir un envidiable Gumper Apolloe Enraged.

Una de las cosas que más me han gustado en la dinámica de juego es que no sólo tienes que quedar entre los primeros en la parrilla de llegada, también deberás lograr ciertos retos, como llegar a un tiempo concreto, lograr tal cantidad de puntos en un tramo concreto del escenario, etc. Esto implica que, en ocasiones, te verás obligado a competir varias veces en la misma prueba para cumplor todos los objetivos y seguir adelante con un expediente inmaculado.

En cuanto a los tipos de pruebas disponibles, vienen a ser los que encontramos en juegos de este estilo: carreras, contrarreloj, derrape, campeonato con varias rondas… Éstos se suceden aleatoriamente para evitar la monotonía.

A camino de dos mundos

En controles y jugabilidad, Driveclub se sitúa entre dos mundos: el arcade al que me tiene acostumbrado la saga Need for Speed y el simulador estilo Forza Horizon o GRID Autosport. Más cerca del segundo grupo que del primero, Driveclub requiere un mínimo de control sobre el vehículo, en especial en las curvas, si bien por otro lado derrapar es muy fácil e impide que te salgas de la pista con un circuito limitado a los laterales.

Así pues, si vienes de la simulación te será fácil empezar a jugar aunque en cualquier caso, la curva de aprendizaje es muy reducida. Tanto es así que en la mayoría de casos, con usar tres botones tendrás más que suficiente (acelerar, frenar y freno de mano).

En cuanto a los vehículos, la diferencia en la conducción no es mucha entre modelos de la misma categoría. Es mayor la diferencia entre categorías, pues cada una tiene sus particularidades al agarrarse al arcén y tomar las curvas o frenar.

Turismo por carretera

Canadá, Chile, India, Noruega, Escocia… Driveclub transcurre en estos escenarios, cada uno con su particularidad en orografía, clima y circuitos. En el juego viajarás de un país a otro alternativamente, de manera que las pruebas se suceden entre sí en circuitos diferentes y es prácticamente imposible caer en la rutina.

Cada localización destaca por sí misma: India, por ejemplo, muestra caminos de tierra y vegetación más selvática, en Noruega, el escenario está repleto de nieve, con carreteras prácticamente nuevas y buena señalización. Y aunque la animación de los mismos es más bien mejorable, las recreaciones parecen sacadas de una postal que apetece mirar detenidamente, tanto en el vídeo introductorio al circuito como durante la carrera.

Lo mismo ocurre con el clima, que es un actor secundario que influye en Driveclub, en especial cuando te da el sol de cara o ha oscurecido y la iluminación es más bien escasa. El paso del tiempo se acelera en algunos escenarios para destacar todo esto, lo que puede resultar chocante pero ayuda a disfrutar de la conducción en una misma pista con dos ambientes diferentes.

Sobre los vehículos, verdaderos protagonistas del juego, están muy logrados. La variedad de marcas y modelos también ayuda, con verdaderas joyas a las que es mejor ver con la cámara externa. Un detalle curioso es el tema de los daños, que se reproducen fielmente en el vehículo, si bien se limita a lo estético y no conlleva una merma de la velocidad.

La banda sonora merece una mención, pues este componente recibe cada vez más atención en los juegos, en especial en los de conducción. El tono general es electrónico, con producción de Hybrid y mezclas de nombres de la talla de DJ Shadow, Black Sun Empire o Kilon Tek. ¿El problema? La música te acompaña en los menús, en los que pasas relativamente bastante tiempo, especialmente en el modo online y en la gestión de clubs, pero que desaparece al empezar a correr con tu coche.

Un juego que llega con polémica

Hay un aspecto que ha ensombrecido el lanzamiento de Driveclub, el problema para acceder a los servidores del juego. Este tema, que podría ser una mera anécdota en otro juego de carreras, en éste adquiere mayor relevancia pues el principal atractivo de Driveclub son los clubs de pilotos y las carreras multijugador.

De ahí que, si bien las carreras offline son atractivas en cantidad y calidad, el no poder acceder correctamente al juego online merma mucho la experiencia de juego. Es posible que cuando leas esto el problema ya esté resuelto, pero hasta el momento, acceder a los menús para crear tu propio club o unirte a uno nuevo es una misión complicada. Lo mismo ocurre para jugar contra otros jugadores humanos a través de Internet, que es imposible pues el sistema no encuentra rivales.

El problema es mayor por el hecho de que, al desconectarse del servidor, si estás en mitad de una carrera, ésta se corta y tienes que empezarla de nuevo, algo que no debería ocurrir en el caso de carreras offline.

Personalmente, prefiero quedarme con lo bueno de Driveclub, más que nada porque no soy muy aficionado al modo multijugador, pero en este caso concreto es de destacar.

Dejando eso a un lado, Driveclub cumple su cometido, una propuesta interesante a añadir a la lista, que aprovecha la capacidad de PS4, asequible para jugadores aficionados al arcade y a la simulación y con una selección de pruebas, circuitos y vehículos que gustarán a cualquiera.

Puntuación: 8

Disponible en: PS4

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