5 cambios increíbles que te ocurrirán si te distancias de Facebook, WhatsApp y cía

Hace un año, leía un comentario político en Facebook fuera de tono y me ponía de mala leche.

Hace un año, quería acabar una tarea importante, pero el móvil no dejaba de zumbar con nuevas notificaciones de mensajes de WhatsApp. Al final no hacía nada. “¡Todo por culpa de Whatsapp!”, exclamaba.

Hace un año, me derrumbaba al ver las fotos de las vacaciones de mi amigo en Instagram (por cierto, parece que está siempre de vacaciones el muy…).

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La sobreexposición a las redes sociales tenía en mi vida más efectos negativos que positivos. Me enfadaba. Me entristecía. Me deprimía. Hasta que llegó un momento en el que el malestar era inconmensurable, hasta el punto de gritar “¡basta!”. Busqué otro camino. Y lo encontré.

Hace un año decidí alejarme totalmente de las redes sociales, como Facebook o Twitter, y también de WhatsApp. Desde que tomé esta decisión, mi vida es más sencilla, simple, productiva, creativa… No soy perfecto ni mucho menos pero he notado muchas mejorías en mi carácter, en mi salud…

¿Tú también te estás planteando tomar una decisión parecida pero te da miedo abandonar Facebook y cía? Para ayudarte a tomar la decisión, a continuación comparto contigo los cambios que se producen cuando optas por desconectar un poco de este mundo 4.0 (¿o es 6.0? he perdido la cuenta ya). Descubrirás que, a veces, merece la pena dar un paso atrás.

Preliminares: Abandonar vs Distanciarse

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Antes de nada, aclararé lo que quiero decir con “distanciarse”. Con “distanciarse” no me refiero a cerrar tu cuenta de Facebook o lanzar el móvil a algún abismo sin fondo. Es más, NO recomiendo que optes por una desconexión total.

Si vas a lo bruto, si proclamas a los cuatro vientos “¡no pienso volver jamás a Facebook o a WhatsApp!” ocurrirán muchas cosas, la mayoría de ellas contraproducentes: presión por el reto, ansiedad al tomar una decisión tan drástica (igualita al que deja de fumar de repente)… Finalmente, cuando te des cuenta de que vivimos en un mundo demasiado online como para abandonarlo totalmente, llegará el momento, muy duro, de tragar tu orgullo, volver a aparecer como “disponible” y soportar todos los comentarios ácidos en plan “mira el valiente que decía que podía vivir sin redes sociales, ¡no has tardado ni un mes en volver!”.

Yo he optado por distanciarme, es más efectivo. “Distanciarme” (o “alejarme” o cualquier otro sinónimo) para mi significa mantener WhatsApp, seguir con mis cuentas de Twitter y Facebook… pero limitar al mínimo mi interacción con una serie de reglas personalizadas.

Por ejemplo, evito totalmente los chats en grupo salvo excepciones, como cuando un montón de amigos hemos usado WhatsApp para planificar una despedida de soltero. ¿En el caso de Facebook? Solo uso su chat, y a horas muy concretas. Es más, en el móvil solo uso Messenger, no tengo la red social propiamente dicha instalada. No pisaré el muro ni aunque me pagues mil euros.

Te recomiendo que optes por un distanciamiento similar. Mantén los canales de comunicación abiertos pero evita las tentaciones nocivas como los chats  grupales de WhatsApp en los que solo se intercambian memes o videos NSFW (si solo hay hombres) o el infernal muro de Facebook en el que todo el mundo pretende tener la razón y demostrar lo chula que es su nueva “máscara de la felicidad”.

¿Qué sacarás de bueno con esta estrategia? Pues, para empezar…

1. Subirá tu autoestima y estarás más orgulloso de tus logros

Debido a la tendencia de solo compartir buenos momentos, en las redes sociales es difícil evitar las comparaciones odiosas. Tus amigos parecen tener mejores vacaciones que tú, mejores parejas que tú, mejores fines de semana que tú, mejor físico que tú… Echar un vistazo en tu muro puede darte un bajón tremendo. “¿Por qué yo no soy tan feliz como ellos?”, te preguntarás.

Por si eso no fuera poco, tendemos también a buscar aprobación externa para todo lo que hacemos. Si hoy has decidido irte a una cafetería a regalarte una merendola y pones la foto en el Instagram, no vas a probar un bocado hasta haber conseguido una docena de likes: son la forma que tiene la sociedad de decirte “vale, aprobamos esta merendola, tienes derecho a disfrutarla”.

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Si los logros o acontecimientos de tu vida van recibiendo likes e interacciones, todo va bien. Pero, ¿qué te ha pasado en los días que publicabas, por poner el caso, una cover que colgaste en Youtube y todo Dios pasó de ella? Que crees que lo que has hecho no merece la pena. Te rindes e incluso en un caso extremo puede que abandones muchos sueños.

Las comparaciones odiosas y la ciberdependencia desaparecen cuando te alejas de las redes sociales. De repente ya no tiendes a compararte con los demás sino a compararte contigo mismo, que es la única comparación sana que existe. Te das cuenta de tus progresos diarios o semanales o de tu disfrute en general. Se acabaron las competiciones, las carreras hacia el éxito social. La vida se te convierte en una tranquila y amena caminata por los paisajes que tú eliges.

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Además, ya no tienes que “pedir permiso” para regalarte un capricho (como el caso de la merienda) y aprenderás a buscar la aprobación (o el like) de la única persona que importa en tu vida: .

“Eh, pues molo un montón”, concluirás cada día; esas cinco palabras son un buen paso tanto para aumentar tu autoestima como para aprender a valorarte.

2. Tendrás muy buen humor

¿Quieres cabrearte en tiempo record? Lee los comentarios en tu muro de Facebook. No tiene que ser necesariamente una noticia política. Me apuesto lo que quieras a que leerás algo que te pondrá de mal humor, ya sea porque odias a esa persona (“¿y qué diantres pinta en tu muro?”, me pregunto), porque no estás de acuerdo con su postura o simplemente porque no te gusta cómo ha escrito el comentario.

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Te ahorrarás muchos cabreos cuando te alejes de las redes sociales. Se acabaron las discusiones estúpidas que no tienen mayor objetivo que aumentar el narcicismo de sus participantes. Se acabaron los titulares amarillistas, escandalosos o deprimentes de una prensa. Y se acabó el ver fotos de tus enemigos sonriendo y pasándolo bien (en serio, deberías cuestionarte tu forma de seleccionar los contactos).

Incluso en las conversaciones que tienen lugar en el rumoreado “mundo real” puede que empieces a evitar polémicas sinsentido y prefieras hablar de temas más positivos o interesantes.

Ahora bien, te acabo de indicar que se te acabará el leer las actualizaciones de tus amigos en Facebook. ¿Significa eso que no estarás al día de lo que ocurre en tu círculo social? No del todo. Otra cosa buena que tiene alejarse del mundillo online es que…

3. Entrarás en el club selecto de la dieta hipo-informativa

La primera vez que leí el término “dieta hipo-informativa” no fue en un manual alimenticio sino en el libro La semana laboral de 4 horas de Tim Ferris. Una dieta hipo-informativa consiste en dedicar el menos tiempo posible al consumo de información. Si decides alejarte de las redes sociales, vas a realizar una dieta hipo-informativa parcial; seguirás al día de la actualidad porque leerás blogs o verás la tele, pero dejarás de estar al día de lo que ocurre en tu círculo social.

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Lo genial de la dieta hipo-informativa es que no quedas completamente incomunicado. Si mantienes los canales sociales abiertos, te enterarás de los acontecimientos más importantes de tus amigos y de tu familia porque dicha información vendrá a ti en lugar de ser tú el que pierde tiempo en ir a ella.

Si uno de tus amigos más cercanos lo ha dejado con la pareja, no te vas a enterar por el aluvión de mensajes en Facebook que pretenden ser indirectas (lo único que logran es cansar al personal). Te enterarás porque dicho amigo te llamará para contártelo o porque un amigo en común te informará.

“Pero, ¿qué ocurre si no me acabo enterando de que lo ha dejado con la pareja?”, quizás te preguntes o, peor aún, ¡temas! Me ha ocurrido. En un caso me enteré muy muy muy tarde que un amigo esperaba su segundo hijo. Este retraso en la llegada de la información me sirvió para entender que nuestra amistad no eran tan íntima como me pensaba. Si te pasa lo mismo, te invito a reflexionar: “¿quiero estrechar más los lazos con esa persona para que no vuelva a pasar?”. Quizás descubras que sí, que merece la pena reavivar lo que teníais. En otros casos (como el mío) quizás concluyas que no vale la pena porque tienes otras amistades a priorizar.

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Relájate. Salvo estos casos, que invitan a recalibrar tus amistades, estarás informado de lo importante y sin esforzarte lo más mínimo. Yo también dudaba de ello pero funciona y me confirma que alejarme de todo el ruido social es una decisión sabia.

4. Disfrutarás de más tiempo y energía de lo que sospechabas

Un clásico. Sabías que tarde o temprano iba a aparecer.

Este era un sábado cualesquiera antes de alejarme de Facebook: me despertaba, cogía el móvil, empezaba a fisgonear en el muro de Facebook, entraba en artículos chorra que me llevaban a vídeos chorra, hacía como un ademán de levantarme pero de repente veía un desfile de gifs divertidos así que cancelaba ese intento, chateaba con cualquiera que estuviera online… y finalmente me arrepentía de mi vida porque ya era mediodía; había vuelto a romper mi promesa de tener una mañana productiva.

Este es lo que hice el sábado pasado: me despierto sobre las 8-9, práctico la escritura automática durante una hora, medito durante media hora, realizo ejercicios de auto-coaching, paso un rato viendo videos chorra en Youtube (¿lo ves? “distanciarse” en lugar de “desconectar”), hago ejercicio durante una hora y pico, me ducho y a seguir con el día.

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“Das rabia y lo sabes”, puede que estás pensando. O al menos eso es lo que yo estoy pensando sobre mi ahora mismo y puedes unirte a la crítica si quieres. Pero hay algo que debo aclarar sobre este asunto. Llevo ya un año con esta filosofía mi vida. Ahora me resulta fácil ser productivo y creativo, y desde fuera puede parecer que me resulta fácil ir de guays. No obstante, durante los primeros meses, mis sábados matutinos no eran así ni mucho menos.

Y eso es porque me tuve que enfrentar a otra consecuencia de alejarme del mundo de las redes sociales.

5. Descubrirás que tú eres la causa de casi todos tus problemas

Te presento uno de mis sábados cualesquiera al mes de empezar el distanciamiento de Facebook, WhatsApp…: suena el despertador a las 9 pero voy retrasando la alarma hasta las 10, me despierto, me quedo tumbado en la cama, me giro hacia un lado, me giro hacia el otro, pienso en muchas cosas pero me da miedo empezar ninguna de ellas, me giro de nuevo, siento que empiezo a ponerme nervioso, me duermo de los nervios… y me despierto a la 1 y de nuevo entristecido. No he hecho nada productivo. Me entristezco por ello; el bajón provoca que no haga nada interesante (al menos para mí) durante todo el fin de semana. Otra vez.

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¿Qué había pasado? Ya no estaba tan pendiente de las redes sociales así que en la teoría debería haber tenido tiempo para escribir cuatro novelas en un día, ¿no? No sabía lo que estaba ocurriendo. No sabía qué iba mal. Hasta que llegué a una difícil conclusión.

Descubrí que mi problema con respecto a mi falta de tiempo (y de determinación) no se encontraba en las redes sociales: se escondía en mí. Yo era el problema.

Fisgonear en Facebook o chatear por WhatsApp era una excusa que había considerado válida para no hacer lo que consideraba importante porque me daba miedo intentarlo. Si no existiera Internet habría encontrado otro enemigo mortal a quien culpar de mi incapacidad para enfrentarme a mi inseguridad.

El problema no se solucionaba desconectando de las redes sociales; se solucionaba reconectando conmigo y aceptando mis inseguridad e inquietudes.

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Alejarme de Facebook y cía era un primer paso, y un paso importante, pero aún me quedaba camino por delante. Ahora mismo me resulta sencillo aceptar y confesar esa verdad, pero te garantizo que en su momento no lo fue.

Y hablando de precauciones y problemas…

Primer paso: avisa o de lo contrario…

Un consejo antes de distanciarte de las redes sociales: avisa. No me refiero a que escribas un mensaje épico en tu muro para conseguir likes sino que cuentes tu plan a quien sabes que le importará.

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De lo contrario te puede ocurrir lo que a mí. He tenido malentendidos con personas que creían que las estaba evitando o que se molestaban porque contestaba muy puntualmente en Messenger o en WhatsApp. Por suerte, con pedir disculpas y explicar mi plan se arregló todos los líos.

¿Te atreves?

¿Darás el paso? ¿Probarás de desconectar un poquito para notar si tu vida mejora? No es fácil, lo sé. Te toparás con mil obstáculos tanto internos como externos (la Sociedad odia que le des la espalda, maldita bastarda). Aunque no te sugiero un retiro social radical, distanciarse cuesta.

En caso de que sientas ansiedad con solo pensar en la posibilidad de desconectar un poquito, tienes una alternativa más suave pero no por ellos menos efectiva de mi compañera María Baeta. En su artículo Deja de perder el tiempo en redes sociales y procastina productivamente en 4 pasos te dará consejos prácticos para perder el tiempo sin que lo estés perdiendo en realidad. ¡Lo entenderás mejor cuando leas el artículo!

Hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, ¡te mando mis saludos y agradecimientos por llegar hasta el final! ¡Nos vemos! No en Facebook, claro está.

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