La vista y la pantalla: sentido y sensibilidad

Desde hace algunos años prácticamente no existe ningún puesto de trabajo en una oficina o despacho en el que no se use el ordenador como herramienta principal. Dicho de otra forma, somos muchos los que nos pasamos ocho horas diarias delante del ordenador de lunes a viernes.

Además, cuando llegamos a casa seguimos enganchados al ordenador. Sea ocio o negocio todo lo hacemos delante de la pantalla. Pues bien, una parte de nosotros suele protestar y rebelarse ante este abuso. Evidentemente estoy hablando de la vista. Sin duda es la más perjudicada, poco a poco nos acostumbramos a un enfoque fijo y estático lo cual trae malas consecuencias.

Vamos a ver cómo conciliar un órgano humano que no se diseñó para mirar la pantalla, con los monitores actuales que permiten una gran variedad de configuraciones. Obviemos los típicos consejos que no pasan de generalidades yendo al grano.

A la hora de elegir una pantalla debemos fijarnos en primer lugar en la frecuencia de cambio de la imagen. Si es inferior a 60 Hz el ojo humano es capaz de detectar la sucesión de imágenes aunque sea inconscientemente, no percibe la continuidad de manera perfecta y esto se vuelve molesto.

No deberíamos conformarnos con un monitor que no alcance los 60 hercios. A la hora de configurarlo más nos valdría conformarnos con una resolución menor y mayor frecuencia que lo contrario.

Hoy en día, la tecnología CRT está prácticamente abandonada en favor de la de LCD y TFT. Los avances que han experimentado las hacen sus pantallas menos agresivas a la vista hasta tal punto, que la cuestión del parpadeo ha pasado a la historia.

De todas formas, no está demás recordar un truco algo rudimentario para comprobar el parpadeo de la pantalla. Consiste en alejarse de ella y mirarla con el rabillo del ojo. Si notamos destellos deberemos configurarla de nuevo.

Otro aspecto que hay que atender es la iluminación de la habitación. No hacemos ningún favor a nuestra vista cuando trabajamos en un lugar oscuro que convierte la pantalla en un foco de luz. Debemos usar iluminación ambiental evitando la luz directa, sobre todo si se dirige al monitor.

Un ejemplo muy corriente de mala disposición se observa en las pantallas que reciben luz directa del sol por una ventana. Seguramente los reflejos sean lo que más pueda dañar la vista.

El ajuste del brillo y el contraste genera tantas dudas como los anteriores puntos juntos. No existe una configuración establecida adecuada para todo el mundo. Pero con ayuda podremos encontrar la nuestra.

Para ello conviene utilizar un programa especializado en ajustar los valores de la pantalla, suelen ser mucho más eficaces que los típicos botones de los monitores. Seguramente el más conocido sea Adobe Gamma, que se instala automáticamente con Photoshop.

Si conocemos los valores que queremos aplicar sólo tenemos que indicarlos, en caso contrario podemos seguir los pasos del asistente y crear varios perfiles con las configuraciones que se acomoden a los distintos usos que hagamos del ordenador.

En Softonic existen otros programas que realizan la misma función y además son gratuitos, por ejemplo, Nokia Monitor Test, Monitor Tester y DarkAdapted.

Si tuviese que dar un consejo final éste sería gastarse los duros en una buena pantalla. La memoria RAM, el procesador y el disco duro los puedes cambiar, pero tus ojos no, así que la moraleja está clara.

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