Spotify me decepciona: tiene un gran catálogo, pero una tecnología pobre

Música para un millón de años. 55 países. Led Zeppelin y Pink Floyd. Versiones móviles. Impresiona, pero podría ser mucho mejor.

Pago casi 120€ al año por Spotify Premium; como una docena de discos baratos. Pero el de Spotify es un catálogo que ni siquiera alcanzo a arañar. De hecho, acabo por escuchar las mismas canciones una y otra vez. Las machaco como si tuviera sintonizada una radio de grandes éxitos de los setenta. Y al final siento que no le saco todo el provecho que debería, especialmente en el teléfono y en la tablet. Es una sensación que se repite mes tras mes. Las alternativas me tientan, pero siempre acabo por quedarme con Spotify.

Si no me doy de baja es sobre todo por lo cómodo que es poder escuchar cualquier canción que encuentre en su enorme catálogo. Pero ¿acaso no podría hacer lo mismo con una compra con descarga, al estilo iTunes? Da igual: Spotify ya no permite descargas. Quiere que viva siempre en el reino efímero del streaming, un país maravilloso en el que la gente mezcla y remezcla música sin parar y se interesa por la que escuchan sus amigos y conocidos. Un mundo de colorines que solo parece existir en las oficinas de Spotify.

Acabo por escuchar las mismas canciones una y otra vez. Al final siento que no le saco todo el provecho”

Una quinta parte de las canciones que hay en el catálogo nunca se han escuchado. De las demás, jamás conoceremos la cantidad de reproducciones reales: es un dato que Spotify oculta para proteger a discográficas y autores. Y no es el único trozo de información que esconde: encontrar cualquier cosa en Spotify es una empresa difícil. Las listas que me permitirían descubrir a nuevos artistas son increíblemente difíciles de encontrar. Hallar usuarios concretos es una empresa imposible. Spotify es un universo de jardines vallados.

Spotify es un universo de jardines vallados. Encontrar cualquier cosa es difícil”

A empeorar la situación está la ausencia de una API abierta, que permitiría el desarrollo de aplicaciones web y móviles que beberían del catálogo Spotify. Sí, está la integración con Last.fm y están las apps, pero en ambos casos se trata más de una simbiosis que beneficia únicamente a Spotify. Con las apps atrapadas dentro de Spotify, el usuario se queda dentro del coto controlado de la aplicación. Así ningún entusiasta puede crear un servicio conectado o un directorio, y la gente acaba escuchando la música que ya conoce.

El punto fuerte de Spotify es el catálogo, pero no la tecnología. Tiene mucho que aprender de Pandora”

Con su nuevo botón shuffle, Spotify ha intentado “Pandorizarse”. Pero sus clientes móviles y de escritorio, cuyas actualizaciones se suceden sin aportar nada relevante, dejan bastante que desear en cuanto a usabilidad. Y la parte del servidor, la que debería aportar sugerencias, no es mejor.  La fantástica función “Explorar”, con listas creadas por editores de Spotify, indica lo que ya sabíamos:  que el punto fuerte de Spotify es el catálogo y, ahora, la selección editorial, pero no la tecnología.

Ahí Spotify tiene mucho que aprender de Pandora, Rdio y compañía, sobre todo si quieres usar la tecnología para enganchar a los usuarios con su nuevo modelo freemium. Hasta entonces, solo será un gran depósito de canciones difícil de explorar.

¿Qué es lo menos te gusta de Spotify?

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