World of Warcraft: 10 años de amistad

World of Warcraft ha cumplido diez años y, sin darme cuenta, he pasado una década rodeado de amigos, paisajes idílicos y desafíos. He pasado por momentos inolvidables y he sentido la emoción de vencer batallas de una forma que ningún otro título ha conseguido. Porque WoW ha sido y es algo más que un juego, es una vida de aventuras entre amigos.

Resumir 10 años de aventuras es muy difícil, porque están llenos de anécdotas. He disfrutado de historias inolvidables, de cómo World of Warcraft ha ido mejorando año a año y, como no, de combates encarnizados contra enemigos épicos.

¿Qué recuerdo tras diez años? Cierro los ojos y, curiosamente, lo primero que me viene a la mente no es una gran victoria, sino algo mucho más simple: son momentos grabados en el corazón cuando los vives por primera vez.

Los primeros momentos

¿A qué me refiero? A algo tan simple como descubrir que al entrar en el Bosque del Ocaso te parezca que estés reviviendo la película ‘Sleepy Hollow’. O que al llegar a las Montañas Crestagrana, nada más pasar la primera colina, veas un idílico pueblo llamado Villa del Lago y cómo se hace más real conforme te acercas. O que cuando cruces el océano para adentrarte en el otro continente (Kalimdor o Los Reinos del Este) para descubrir nuevos enemigos oigas la campana del barco al salir del puerto.

Comprar mi primera montura fue otro de los grandes logros. En los inicios de World of Warcraft era necesario ser nivel 40 y tener, si mal no recuerdo, 600 monedas de oro, lo que implicaba ahorrar bastante y hacer todas las misiones necesarias.

Jugar en compañía

Aunque mucho antes, descubrías que World of Warcraft no eran solo misiones y grandes zonas, también eran instancias, es decir, aventuras mucho más épicas. Una de las primeras es “Las Minas de la Muerte” y si hay algo que recuerdo con claridad de la primera vez que la recorrí fue precisamente cuando aparecía el barco pirata dentro las Minas. Por supuesto, en aquella época no había una herramienta para buscar grupo, con lo que tenías que estar en las ciudades buscando integrantes para conseguir superar esta aventura.

Y es aquí donde comenzabas a descubrir hace 10 años que había algo más que pasarte el juego en solitario: también podías jugar con otros y coordinarte para conseguir superar la aventura. No era nuevo, ya había otros juegos online que lo hacían, pero no lo conseguían de una forma tan simple e intuitiva.

La aventura se hace más grande

Dos años más tarde, asistiría a lo que se ha convertido ya en todo un ritual: la primera expansión y cómo maduró el concepto World of Warcraft. Si con el juego original descubrí los continentes, las mecánicas y a algunos personajes importantes, con la primera expansión comencé a descubrir la historia.

Sí, había mejoras, pero también grandes personajes de la serie. Illidan en la segunda expansión del juego o Arthas en la tercera entrega eran los enemigos finales que ponían el punto final a la expansión y eran todo un desafío.

Y que desafíos… Divididos en fases, pocos jugadores han podido ver algunos de estos épicos enfrentamientos. Uno de los mejores que recuerdo son las tres fases de Arthas, épica pura que acababa con una escena hecha con el mismo motor de juego que es imposible olvidar.

Caída y resurgimiento

Sería tras la salida de la tercera gran actualización, Cataclysm, cuando noté que ya no me divertía tanto WOW. En el año 2011 y tras un año de la expansión, noté que era el momento de probar nuevas opciones. Así, llegaron juegos como The Lord of the Rings Online, Star Wars: The Old Republic o WildStar, que si bien han ido dando la vuelta a la fórmula del juego de rol online con mayor o menor éxito, no conseguían transmitirme la misma sensación que World of Warcraft.

Probablemente porque lo que ha hecho en los últimos años Blizzard es democratizar un género tan difícil como es el rol online. Ahora era más fácil agruparse ya no solo para las pequeñas aventuras, sino también para las grandes, y de esa forma ver las mazmorras finales y disfrutar de una mazmorra tan grande y difícil como el final de Ala Negra -el enemigo final de Cataclysm- en un épico enfrentamiento.

Estos cambios también se aplicaron al PVP, o jugador contra jugador. Ya no solo eran duelos, eran campos de batalla de diferentes tamaños, el desafío de las arenas o algo diferente pero igual de interesante: el enfrentamiento de mascotas, un mini juego que dio nueva vida al uso de estas criaturas que, hasta entonces, habían sido algo meramente estético.

Los últimos acontecimientos

Mists of Pandaria, la penúltima expansión, supuso para mí un cambio más en la serie . Con escenarios mejorados, con un sistema de clases simplificado para los que se iniciaban en el juego, pero también complejos de dominar, Mist of Pandaria introdujo algo más: la narración de la historia. Hasta entonces, la historia de World of Wacraft estaba fragmentada y con esta expansión está narrada de una forma mucho más lineal. Para mí, como jugador, fue mucho más simple de seguir y, sobre todo, logró que volviese a emocionarme con algunos de los momentos del juego.

Y ahora llega Warlords of Draenor. He de confesar que he jugado poco por ahora, pero lo poco que lo he hecho he disfrutado, me he vuelto a emocionar, he reencontrado a viejos amigos y he comenzado a redescubrir, una vez más, las aventuras en Azeroth. Allí me encontraréis de nuevo, junto a los amigos, intentando derrotar los desafíos que me propone World of Warcraft. Como el primer día, con la ilusión de un niño.

¿Cuáles son tus mejores recuerdos de World of Warcraft?

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